Fui corriendo al baño. Era un baño para mujeres y hombres. ''Ya podría haber un baño diferente para mujeres y otro para hombres'' pensé. En fin, entré al baño y en salir me lavé las manos, alcé la mirada y vi a Dani por el cristal, estaba plantado, detrás de mí.
-¿Dani? -me sentí confusa- no puede ser -puse agua en mis manos y me lavé la cara, volví a mirar a través del cristal. Dani seguía detrás de mi. Pero todo esto tenía que ser imaginación mía porque en verdad, no podía ni ver a Dani en pintura.
-_____, te he echado tanto de menos.
Seguía sin creer lo que estaba viendo, ¿de verdad era Dani o tan solo imaginación mia? Me giré sin pensarlo y ahí estaba, mirandome sin decir una sola palabra. Sus ojos eran de un azul intenso que penetraban en mi mirada. Acaricié su cara con mi mano y en efecto, era Dani.
Él intentó besarme, pero en un repentino movimiento, lo esquivé.
-¿Qué pasa? Ya no me quieres, es eso, ¿verdad?
-Dani, tu no lo entiendes -bajé la mirada.
-Ah, ya sé, estás comprometida, ¿no?
-El que estás comprometido eres tu, Dani.
El me miró, como si quisiese expresar algo con su mirada. Se acercó lentamente hacia mi.
-_____, ya puedo estar comprometido e incluso casado, pero lo que yo siento por ti no me lo quita nadie -me acarició el pelo.
-¿Pero tu no lo entiendes? Me hiciste daño, y mucho -me giré y le di la espalda.
-Ya lo sé, fue un gilipollas. Y te pido perdón, por todo lo que te hice. Digamos que el Dani de ahora te pide perdón por lo que te hizo el Dani de antes. Aunque no parezca, he cambiado. Es cierto, antes todavía era un inmaduro, que solo pensaba en él y no se daba cuenta de que estaba perdiendo a sus mejores amigos y a ti, que aunque no lo creas, me duele que a la mujer que más quiero me rechace y todo por mi culpa, por ser un inmaduro.
-¿Y Liz? -me giré y le miré a los ojos.
-Mientras te tenga a ti me da igual Liz, por su culpa ha pasado lo que ha pasado. _____ yo te quiero a ti, y solo a ti.
No pude evitarlo y le abracé, sentía que lo necesitaba. Abrazarlo y no soltarlo nunca.
-Nunca más te voy a fallar, te lo prometo. Te amo.
Me besó, pero no fue un beso cualquiera, era un beso tierno, sincero. Puse mis manos rodeando su cuello y alargué el beso.
-¿¡Dani!? -nos interrumpió una chica, que supongo que era Liz- ¿tu que haces con esta zorra?
-Liz, respétala porque ella vale más que tu. Hablemos como personas civilizadas y no compliquemos esto.
-Es verdad cariño, te perdono -acarició con sus dos manos la cara de Dani- si sé que esto no es culpa tuya, seguro que la guarra esta se te ha querido meter por los ojos y tu has caído en su trampa -Liz intentó besar a Dani pero él no se dejó.
-¿Pero que haces? Liz, hemos acabado, tu y yo ya no estamos juntos, ¿lo entiendes?
-Dani cielo, estás tenso, mejor vayamos ya al hotel -Liz le cogió de la mano y lo llevó fuera.
-¿Pero quieres soltarme? -se soltó bruscamente de Liz- tu querías hacer una nueva vida en Los Ángeles, ¿no? Pues mira -señaló por la ventana- estás en Los Ángeles, así que haz tu vida que yo aré la mía.
-Pero...
-No hay peros que valgan -le interrumpió- vete y haz tu vida, yo ya no quiero saber nada de ti.
-¿Ah si? Pues que sepas que yo tampoco quiero saber nada de ti -evitó llorar- te arrepentirás Daniel Fernández Delgado; te arrepentirás -dio media vuelta y caminó haciéndose 'la chula' y por un momento, perdió el equilibrio, se le rompió un tacón y cayó al suelo.
-Eso te pasa por diva -dijo Dani y no pudimos evitar reír.
Enseguida me acordé del vuelo y fui corriendo donde salía el avión.
-¡Vamos _____! Que nos están esperando a que entremos. Y he convencido a la azafata para que se retrasaran a cambio de un autógrafo de uno de los componentes de Auryn -me susurró al oído.
Al instante llegó Dani que venía tras de mi.
-¿Ese no es Dani? -Ryan se sorpendió.
-Si, es él.
-¡No puede ser! ¡Dani el de Auryn! -nos interrumpió.
La azafata le pidió un autógrafo y una foto a Dani.
-Oye, si queréis, iros vosotros dos y yo me quedo. Creo que será mejor, habrá que recuperar el tiempo perdido, ¿no? -hizo una risa pícara.
-¿De verdad? -dije ilusionada.
-Claro. Dani cuidamela, que ella vale más que el oro, confío en ti.
-Tranquilo, la cuidaré.
-Dani, ¿y tu maleta?
-Me la he dejado en aduanas -se preocupó.
-No te preocupes, yo misma me voy a encargar de que te la envíen a tu casa. La maleta llevaba tus datos, ¿no? -Dani asintió- pues no te preocupes, la aré llegar cuanto antes -dijo la azafata.
-Gracias.
-Y ahora daros prisa en entrar, que el avión ya lleva mucho tiempo de retraso.
-Adiós Ryan, vendré pronto, lo prometo -le abracé.
{...}
El viaje era largo, aunque a mi se me hizo más largo aún.
Fui a recoger mi maleta a aduanas. Una vez recogida la maleta, llamamos un taxi y nos llevó a casa.
Aún conservaba las llaves de mi casa, así que las saqué y abrí la puerta.
-¿Mamá? ¿Papá? ¿Nathan?
-_____, creo que no hay nadie.
-¿Y donde pueden estar? A estas horas deberían estar aquí.
Tocaron a la puerta y fui a abrir inmediatamente.
-Ay, hija mía, pensaba que no volvería a verte -me abrazó fuertemente- si también está Dani -le dio otro abrazo- es que me había parecido escuchar ruidos y tu madre me había dicho que echara un vistazo a tu casa ya que desde lo ocurrido no estarían mucho en casa.
Era María, una anciana de casi ochenta años a la que apreciaba mucho, ella era como mi segunda madre.
-¿Como que no van a pasar mucho en casa por lo ocurrido? ¿Que ha pasado? -me empecé a poner tensa y nerviosa.
-¿Que tu no lo sabes? -se sorprendió.
-¿Dani? -me sentí confusa- no puede ser -puse agua en mis manos y me lavé la cara, volví a mirar a través del cristal. Dani seguía detrás de mi. Pero todo esto tenía que ser imaginación mía porque en verdad, no podía ni ver a Dani en pintura.
-_____, te he echado tanto de menos.
Seguía sin creer lo que estaba viendo, ¿de verdad era Dani o tan solo imaginación mia? Me giré sin pensarlo y ahí estaba, mirandome sin decir una sola palabra. Sus ojos eran de un azul intenso que penetraban en mi mirada. Acaricié su cara con mi mano y en efecto, era Dani.
Él intentó besarme, pero en un repentino movimiento, lo esquivé.
-¿Qué pasa? Ya no me quieres, es eso, ¿verdad?
-Dani, tu no lo entiendes -bajé la mirada.
-Ah, ya sé, estás comprometida, ¿no?
-El que estás comprometido eres tu, Dani.
El me miró, como si quisiese expresar algo con su mirada. Se acercó lentamente hacia mi.
-_____, ya puedo estar comprometido e incluso casado, pero lo que yo siento por ti no me lo quita nadie -me acarició el pelo.
-¿Pero tu no lo entiendes? Me hiciste daño, y mucho -me giré y le di la espalda.
-Ya lo sé, fue un gilipollas. Y te pido perdón, por todo lo que te hice. Digamos que el Dani de ahora te pide perdón por lo que te hizo el Dani de antes. Aunque no parezca, he cambiado. Es cierto, antes todavía era un inmaduro, que solo pensaba en él y no se daba cuenta de que estaba perdiendo a sus mejores amigos y a ti, que aunque no lo creas, me duele que a la mujer que más quiero me rechace y todo por mi culpa, por ser un inmaduro.
-¿Y Liz? -me giré y le miré a los ojos.
-Mientras te tenga a ti me da igual Liz, por su culpa ha pasado lo que ha pasado. _____ yo te quiero a ti, y solo a ti.
No pude evitarlo y le abracé, sentía que lo necesitaba. Abrazarlo y no soltarlo nunca.
-Nunca más te voy a fallar, te lo prometo. Te amo.
Me besó, pero no fue un beso cualquiera, era un beso tierno, sincero. Puse mis manos rodeando su cuello y alargué el beso.
-¿¡Dani!? -nos interrumpió una chica, que supongo que era Liz- ¿tu que haces con esta zorra?
-Liz, respétala porque ella vale más que tu. Hablemos como personas civilizadas y no compliquemos esto.
-Es verdad cariño, te perdono -acarició con sus dos manos la cara de Dani- si sé que esto no es culpa tuya, seguro que la guarra esta se te ha querido meter por los ojos y tu has caído en su trampa -Liz intentó besar a Dani pero él no se dejó.
-¿Pero que haces? Liz, hemos acabado, tu y yo ya no estamos juntos, ¿lo entiendes?
-Dani cielo, estás tenso, mejor vayamos ya al hotel -Liz le cogió de la mano y lo llevó fuera.
-¿Pero quieres soltarme? -se soltó bruscamente de Liz- tu querías hacer una nueva vida en Los Ángeles, ¿no? Pues mira -señaló por la ventana- estás en Los Ángeles, así que haz tu vida que yo aré la mía.
-Pero...
-No hay peros que valgan -le interrumpió- vete y haz tu vida, yo ya no quiero saber nada de ti.
-¿Ah si? Pues que sepas que yo tampoco quiero saber nada de ti -evitó llorar- te arrepentirás Daniel Fernández Delgado; te arrepentirás -dio media vuelta y caminó haciéndose 'la chula' y por un momento, perdió el equilibrio, se le rompió un tacón y cayó al suelo.
-Eso te pasa por diva -dijo Dani y no pudimos evitar reír.
Enseguida me acordé del vuelo y fui corriendo donde salía el avión.
-¡Vamos _____! Que nos están esperando a que entremos. Y he convencido a la azafata para que se retrasaran a cambio de un autógrafo de uno de los componentes de Auryn -me susurró al oído.
Al instante llegó Dani que venía tras de mi.
-¿Ese no es Dani? -Ryan se sorpendió.
-Si, es él.
-¡No puede ser! ¡Dani el de Auryn! -nos interrumpió.
La azafata le pidió un autógrafo y una foto a Dani.
-Oye, si queréis, iros vosotros dos y yo me quedo. Creo que será mejor, habrá que recuperar el tiempo perdido, ¿no? -hizo una risa pícara.
-¿De verdad? -dije ilusionada.
-Claro. Dani cuidamela, que ella vale más que el oro, confío en ti.
-Tranquilo, la cuidaré.
-Dani, ¿y tu maleta?
-Me la he dejado en aduanas -se preocupó.
-No te preocupes, yo misma me voy a encargar de que te la envíen a tu casa. La maleta llevaba tus datos, ¿no? -Dani asintió- pues no te preocupes, la aré llegar cuanto antes -dijo la azafata.
-Gracias.
-Y ahora daros prisa en entrar, que el avión ya lleva mucho tiempo de retraso.
-Adiós Ryan, vendré pronto, lo prometo -le abracé.
{...}
El viaje era largo, aunque a mi se me hizo más largo aún.
Fui a recoger mi maleta a aduanas. Una vez recogida la maleta, llamamos un taxi y nos llevó a casa.
Aún conservaba las llaves de mi casa, así que las saqué y abrí la puerta.
-¿Mamá? ¿Papá? ¿Nathan?
-_____, creo que no hay nadie.
-¿Y donde pueden estar? A estas horas deberían estar aquí.
Tocaron a la puerta y fui a abrir inmediatamente.
-Ay, hija mía, pensaba que no volvería a verte -me abrazó fuertemente- si también está Dani -le dio otro abrazo- es que me había parecido escuchar ruidos y tu madre me había dicho que echara un vistazo a tu casa ya que desde lo ocurrido no estarían mucho en casa.
Era María, una anciana de casi ochenta años a la que apreciaba mucho, ella era como mi segunda madre.
-¿Como que no van a pasar mucho en casa por lo ocurrido? ¿Que ha pasado? -me empecé a poner tensa y nerviosa.
-¿Que tu no lo sabes? -se sorprendió.